El sábado 30 de Abril falleció el ultimo de los grandes de las letras Argentinas, Ernesto Sábato a sus 99 años de edad este escritor nos ha dejado un legado inmenso y también nos ha dejado un mensaje de esperanza a toda la humanidad, estamos a tiempo de revertir el gran daño que hemos causado a nuestro alrededor, como nos dice en uno de sus últimos libros  “La Resistencia”, Sábato nos pide que nos detengamos a pensar en la grandeza y en los pequeños detalles que nos encontramos día a día, que no nos dejemos distanciar de nuestros semejantes por la televisión, el Internet o los teléfonos celulares, que no perdamos la comunicación entre nosotros, que no perdamos la esperanza.

Los libros de Sábato se encuentran ya entre los clásicos de las letras Latinoamericanas, entre ellos podemos encontrar “El Túnel”, que se ha convertido en un referente para muchos jóvenes de habla hispana. Otras de sus grandes novelas son “Sobre Héroes y Tumbas” y “Abaddón El Exterminador”, la primera de las dos estaba en planes de presentarse en cine, uno de los promotores de este proyecto fue John Malkovich a quien le gustó mucho su famoso “Informe sobre Ciegos”, donde se revela una sociedad secreta de “ciegos subterráneos” , el autor contó que esta novela estaba destinada a la hoguera, pero se salvó debido a que su mujer lo convenció de no hacerlo, para nuestra fortuna este proyecto vio la luz.

Go Revolt! rinde un pequeño y humilde homenaje a uno de los últimos grandes escritores en hispanoamérica, el legendario Ernesto Sábato, quien ha encontrado la inmortalidad en un sábado de Abril, descanse en paz  nuestro hermano Ernesto Sábato Ferrari. Les dejamos con algunos pensamientos de este único escritor, también recomendamos su libro de memorias “Antes del Fin”, el cual es imprescindible para conocer a fondo al genial escritor y su leyenda.

Muchas veces somos incapaces de un genuino encuentro porque sólo reconocemos a los otros en la medida que definen nuestro ser y nuestro modo de sentir, o que nos son propicios a nuestros proyectos. Uno no puede detenerse en un encuentro porque está atestado de trabajos, de trámites, de ambiciones. Y porque la magnitud de la ciudad nos supera. Entonces el otro ser humano no nos llega, no lo vemos. Está más a nuestro alcance un desconocido con el que hablamos a través de la computadora. En la calle, en los negocios, en los infinitos trámites, uno sabe —abstractamente— que está tratando con seres humanos pero en lo concreto tratamos a los demás como a otros tantos servidores informáticos o funcionales. No vivimos esta relación de modo afectivo, como si tuviésemos una capa de protección contra los acontecimientos humanos “desviantes” de la atención. Los otros nos molestan, nos hacen perder el tiempo. Lo que deja al hombre espantosamente solo, como si en medio de tantas personas, o por ello mismo, cundiera el autismo.