Carlos Mauricio Valenti Perrillat fue un pintor nacido en Francia, que vivió la mayor parte de su vida en Guatemala. Artista dotado de innegable talento quien, a pesar de las represiones morales y los convencionalismos de una época guatemalteca perfilada por una dictadura (Manuel Estrada Cabrera), llegó a desarrollar en su corta vida una de las obras más importantes para la historia del arte del siglo XX.

Nació en París el 15 de noviembre de 1888. Fue el tercer hijo de Carlos Líbero Valenti Sorié, nacido en Génova, Italia alrededor de 1860 y de Helena Perrillat-Bottonet, nacida en Le Grand Bornand, Alta Savoya, Francia. Llego a Guatemala junto con su madre y sus dos hermanos en 1901, para reunirse con su padre el cual se encontraba ya radicado en el país desde 1888.

Formo parte de un grupo de artistas, literatos y poetas que laboraron en gran cohesión junto a Jaime (Jaume) Sabartés Gual , catalán venido a Guatemala desde Barcelona donde compartiera una estrecha amistad  con Pablo Picasso y fuera desde 1935 su secretario privado. Valenti se perfilo en aquel cenáculo como el faro que todo lo iluminaba, supo ser un amigo y era un maestro. A los 22 años de edad tenía ya lo que se llamaba “un estilo”. Su autentico genio se manifestó desde sus inicios sin titubeos, ni vacilaciones. Para la época en que vivió, su obra era de una audacia sin límites; desde que tomo un lápiz su trazo fue rotundo y definitivo.

Es precisamente en la pintura de paisaje al óleo donde encontramos a un Valenti apacible y en contradicción con una figura suicida de sus últimos días. La armonía del color y el proceso de simplificación de sus pinceladas evocan el espíritu que motivó la escuela Impresionista. Sus dibujos y tintas con temas poco comunes para la época lo definen como un artista singular, en quien nació el espíritu investigador de los conflictos que suscita la existencia. Algunos lo han considerado como el primer expresionista de la pintura guatemalteca.

En 1912 viajo a Paris, Francia, junto con el pintor Carlos Mérida para continuar sus estudios de pintura.  A los pocos días de haber llegado, visitaron a Pablo Picasso para entregarle una carta de Jaime Sabartés en la cual los refería para que los ayudara a seleccionar una academia o un maestro para sus clases de pintura. Fue así como se  inscribieron ambos en la Academia Vitti , en donde fueron discípulos del holandés Kees Van Dongen y de el español Hermenegildo Anglada Camarasa.

Con el tiempo Valenti comenzó a notar que la diabetes, enfermedad que padecía desde muy joven, perjudicaba cada día más su visión y al consultar en Paris con un  especialista, este le ordenó descansar y alejarse totalmente de la pintura. Tal situación lo hundió en una profunda depresión al verse frustrado todos sus planes y al perder el motivo principal de su existencia: el Arte.

Dos años antes había escrito:

“…hay entre nosotros algunos que tienen la verdadera fe – el Arte – al cual hay que sacrificarse, pasando sobretodo, rendirle culto como a una Divinidad, sacrificarlo todo a él; vivir solo para la obra… allí en el lienzo depositar la vida entera, todo nuestro amor; pasar al cuadro todo lo que no puede explicarse; vivir en él, allí depositar todo nuestro ser, todas las más santas emociones que experimenta el corazón de artista”.

Su final fue trágico, como lo ha sido el de muchos otros artistas. Al no poder entregarse totalmente a su pasión –el arte- un 29 de octubre de 1912, con dos balazos en el pecho segó su vida. Fue enterrando en el Cementerio Montparnasse en una fría y lluviosa mañana de noviembre de 1912.